
Para los ocasionales lectores que no me conozcan, aclaro antes de empezar, y sin ánimos que esto suene a ofensa: soy de derecha. Como derecho y conservadurista, exalto los valores de un Estado organizado, moralmente correcto y con instituciones respetables que se encarguen de la administración de la Nación.
Ahora bien, no pretendo argumentar sobre cuál es el partido indicado o cuál es la forma de solucionar los problemas de la Argentina; mas bien, lo que pretendo es poner en tela de juicio esa idea de la derecha como un monton de "fascistas, fanáticos religiosos y militaristas", y el hecho de que sea un pecado hablar de la derecha mientras que a los líderes de izquierda se los exalta como figuras reconocidas y casi hasta como "héroes".
Creo que el problema y la confusión que suele haber es que se suele asociar el concepto de "derecha" con "gobierno actual" y con "gobierno de facto". Es bastante molesto que se censure una ideología sólo por la confusión de conceptos, o porque el hecho de ser progresista sea algo que está de moda (no soporto cuando aparecen en la cancha banderas del "Che Guevara").
Uno de las causas principales de esto es que fluctúa con la popularidad de la derecha la mala fama de sus supuestos "líderes" (Como Hitler, Videla o Bush, quienes no son tales, sino fanáticos del poder y de la militarización del gobierno, sin que esto sea excluyente ni propio de la derecha) contra el perfil humano de los líderes de izquierda (el concepto del hombre surgido del pueblo, que lucha por los derechos del pueblo). Creo que la derecha no muestra esos "nombres" ni liderazgos a corto plazo sino que por su esencia misma se fundamenta más en la base de sostener proyectos a largo plazo, en forma organizada, para lograr los cambios pertinentes en tiempos prudentes. Por eso es que, por ejemplo, no resultan llamativos los nombres de los presidentes de países exitosos sino la postura y las medidas que adoptan, que suelen tender a una línea general (no precisamente la izquierda). Un claro ejemplo de esto son las grandes naciones europeas de los últimos 50 años.
Otra de las grandes contras que tiene la derecha es la popularidad, la reivindicación y el enzalsamiento y utilización del término "revolución", asociado claramente a la izquierda, con fines políticos determinados y para el manejo de las masas sociales de bajos recursos. Si uno escucha discursos de los pseudo-líderes que surgen en la sociedad argentina (D'Elía y Castells a la cabeza) éstos evocan constantemente dicho término con fin conativo, mientras que a su vez se definen como luchadores sociales u opositores a un régimen. Yo creo que muchos de los verdaderos defensores de la izquierda no deben estar de acuerdo con el discurso de estos señores, que por un lado declaran una cosa y por otro "tranzan" con el poder.
Si bien reconozco que la derecha por momentos se ha excedido en las medidas tomadas (y casi ningún exceso es bueno) me parecía pertinente hacer esta declaración y diferenciación de términos.
Que la fuerza los acompañe.
